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El tercer proyecto de ley relacionado con el turismo y aprobado por el parlamento se refiere al uso de las playas y de la línea costera en general. Regula la explotación de las playas por interés comercial en el contexto del principio legal de acceso libre a la línea costera nacional para todos. La ley prohíbe el uso comercial de playas sin que se pueda otorgar una concesión.

La nueva legislación es heredera, además, de los esfuerzos legales realizados a comienzos de los años 90 para promover el turismo. Desde 1989, el gobierno ha liberalizado la industria, privatizando muchos de los hoteles y de los recursos propiedad del gobierno. Antes de estas reformas, el turismo en Argelia sólo se basaba en algunos trotamundos que cruzaban ocasionalmente el Sáhara. La liberalización y la apertura para las inversiones extranjeras parecían señalar hacia un auge, como ya había comenzado en Marruecos y Túnez.

Argelia llegó a ser famosa por la multiplicidad de sus destinaciones escénicas y culturales. Sus abundantes recursos mediterráneos – las playas arenosas o las rocosas debajo de la gama de verdes de la Cordillera del Atlas – ofrecieron una mezcla estética de la arquitectura árabe y francesa colonial. La metrópoli de Argel atrajo además a visitantes a los vibrantes escaparates de Kasbah, de tiempos otomanos.

El único recurso verdadero, sin embargo, recae en la combinación única de los recursos perfectamente coordinados del Mar Mediterráneo y del otro gran mar; el océano del desierto del Sáhara, que conecta al país con el África Negra. Las rutas aventureras a la ciudad oasis de Tamanrasset – a 2.900 kilómetros al sur de Argel – o aún las travesías del Sáhara destino a Níger consiguieron ofrecer cada vez más disponibilidades y facilidades para los turistas corrientes a comienzos de los años 90. Y la joya del Sáhara de Argelia – Djanet y Tassili, con sus famosas rocas pintadas – era el mejor inicio para comenzar a atraer a los turistas.